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El arte de forjar. La historia de una ciudad, la tradición de siempre.

Nuestra historia es la historia de nuestro país: Maniago, la ciudad del cuchillo. Suena como el nombre de una leyenda, pero es la realidad. Porque en nuestra zona, el cuchillo no es solo una hoja. Es una idea. Una idea que los cuchilleros de Maniago han perseguido desde la antigüedad. Desde el siglo XV, la Serenissima República de Venecia ha suministrado a sus tropas los cuchillos de nuestras cuchillerías, conocidas en toda Europa por su inalcanzable maestría artesana.

El trabajo del hierro no es común. Un trozo de metal en bruto es moldeado por el pensamiento. Por la voluntad de un maestro. De sus manos expertas, capaces de darle forma desde el rojo sin forma e incandescente, hasta el gris suave y brillante de una pieza única. No es solo un cuchillo: la esencia de la cuchillería de Maniago.

Por supuesto, nuestra empresa no es tan antigua como la tradición de nuestra ciudad. Pero su origen está allí. Giusto Grisostolo, nuestro fundador, comenzó en 1949, produciendo navajas. Un pequeño negocio de otros tiempos. Tiempos en que la industria existía, pero no era el coloso de hoy y un pequeño artesano podía prosperar, si su trabajo se hacía con abundancia.

Así, después de 20 años de fabricación de navajas, Giusto amplió su producción a la forja en caliente de cuchillos de todo tipo para las empresas más famosas del mundo, pero sin olvidar nunca sus orígenes. Nace oficialmente nuestra empresa: Icar. Una realidad artesanal con dimensiones industriales. Una empresa que nunca ha dejado de perseguir la idea que durante siglos ha hecho cosquillas en la mente de los cuchilleros de Maniago: el cuchillo perfecto.

A lo largo de los años, en Icar hemos ampliado nuestra producción y hoy forjamos todo. Porque las ideas pueden tener diferentes formas: tijeras, piolets, herramientas para herradores... formas únicas, procedentes de la mente de profesionales y apasionados movidos por el amor de un oficio o un deporte hasta la concepción de una idea: una idea de una herramienta perfecta que solo espera a tomar forma.

Con esa idea vienen a nosotros, lo transmiten a nuestros artesanos, maestros herreros muy hábiles, capaces de escuchar y recibir cada detalle y hacerlo con ellos. Como un hijo, su idea crece dentro del Icar. Adquiere su cuerpo. Único, perfecto, adaptado a su propietario natural. Es parte de él. Como un hijo para el padre.

En Icar no forjamos cuchillos, tijeras o navajas normales.

En Icar forjamos ideas.

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