Nicolas Delors

FRANCE

Nadie sabe con precisión dónde y cuándo ha nacido el surf. Antiguas cerámicas demuestran que ya en el año 3000 a.C. las poblaciones pre-incaicas montaban las olas en las costas de Perú, pero también los diarios de viaje de numerosos exploradores del ‘800 cuentan la sorpresa y la magia al ver indígenas intencionados en deslizarse en el mar de África y de la Polinesia. Remotas incisiones halladas en la piedra lávica en las islas Hawai representan personas en tablas de surf y distintos cantos antiguos del archipiélago hacen referencia a esta práctica, ejercida por los habitantes desde el año 1500 a.C.

Precisamente en las islas Hawai el vínculo ancestral entre surf, cultura y religión demuestra que el arte de montar las olas es mucho más que un deporte: los nativos la consideran una especie de plegaria dinámica, una fusión sensual con el océano que lleva al descubrimiento de uno mismo, mientras se desliza dentro de una ola.

A partir de estos polifacéticos y misteriosos orígenes, el surf ha ido al paso con el tiempo atravesando música, literatura, cine, arte e impregnando la existencia de muchos apasionados, hasta convertirse en un verdadero estilo de vida.

¿Y la tabla? Para quién practica surf, se trata de un objeto de culto: una especie de instrumento mágico que conjuga grandes performance, diseño y unicidad. Para quién lo crea es más o menos lo mismo, especialmente si se trata de laboratorios pequeños como el mio, donde el diseño, el shaper y el resinador son la misma persona: es decir yo.
Vivo en un juego continuo de equilibrios entre innovación, arte y técnicas consolidadas. Un proceso que cada vez me arrastra como una ola: pequeños rituales escrupulosos para llevar a cabo con esfuerzo, conocimiento, manualidad, imaginación y sentido estético.

Cuando termino un trabajo y toco la superficie pulida y perfecta me siento como cuando – después de haber esperado por mucho tiempo y con paciencia – elijo la ola adecuada y me paro en la tabla.

Un breve e intenso instante que sublima la fatiga con levedad y armonía.