La singularidad de un viaje a través del tiempo que se convierte en un diálogo entre el pasado y el presente.

SWITZERLAND

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Haldenstein, Gässli
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Jürg Spadin
Archäologischer Dienst Graubünden

Mi nombre es Joerg Spadin y soy arqueólogo, pero prefiero considerarme un viajero del tiempo: una especie de Indiana Jones que va en busca de tesoros del pasado. El mayor tesoro, sin embargo, es el vértigo que siento cuando me doy cuenta que mi presente y mi historia se superponen: por un lado, la investigación de aquellos que estudian una cultura que ya no existe, y por otro, la vida que ha creado esa cultura.

Creo que la esencia de los hombres reside en las huellas que dejan durante el tiempo en el cual viven.

Por esta razón, veo mi trabajo como una oportunidad para viajar en una dimensión única, desencadenando un diálogo entre épocas diferentes, lejanas y cercanas.

Vivo en el cantón de los Grisones, en Suiza, donde trabajo desde el año 1998. Desde el año 2006 soy el director de las excavaciones de un equipo de arqueólogos con los que comparto mi pasión por cada pequeño rastro de épocas remotas.

Viajamos juntos en el tiempo, con el rigor del método científico. Y exijo rigor a mis colaboradores: en las evaluaciones, en los procedimientos de clasificación, en la producción de las conclusiones, de las investigaciones. La condición previa para un resultado válido es la precisión del trabajo, en todas sus fases.

Por lo general, se nos notifica un sitio potencial, una pared, una obra: en ese momento llevamos a cabo una inspección, comprobamos la ubicación y decidimos si vamos a instalar una obra. Siempre producimos una documentación fotográfica de los restos, los liberamos de los escombros, los limpiamos, los catalogamos y los pegamos.

De esta manera los devolvemos a la vida, al flujo del presente que estudia el pasado para comprender mejor la aventura del hombre en la tierra.

Todo el material produce una documentación voluminosa que queda a disposición de otros estudiosos e investigadores: porque la ciencia es compartida.

Historias, personas, culturas e idiomas siempre han estado entrelazados: la mayor riqueza es conocer los detalles.

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