La singularidad de los ritmos de la tierra para disfrutar junto a un compañero especial.

FRANCE

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Cheilly-lès-Maranges

Jérémy Bairon
Domaine Chevrot et Fils
www.chevrot.fr

Trabajo en la hacienda vinícola Chevrot en Cheilly-lès-Maranges, en Borgoña, a mitad de camino entre el Mediterráneo y el Atlántico.

Mi trabajo también está a mitad de camino entre dos pasiones, una por los viñedos y otra por los caballos.

Quizás es más correcto decir que mi trabajo une, mis dos pasiones: trabajo la tierra con un un caballo maravilloso, Corleone.

Años atrás, durante un largo viaje a Nueva Zelanda, aprendí a explorar nuevos lugares a caballo; estaba tan entusiasmado con ello que cuando regresé a Francia hice un curso de formación específico y me dediqué por completo al turismo ecuestre.

Cada vuelta tiene sentido, si te enriquece: había vuelto a mis lugares, al olor agrio y dulce de los viñedos, a los colores de una tierra única, y todas estas sensaciones me llegaban sin filtros. Decidí usar el caballo para trabajar las viñas.

Montado sobre un caballo la percepción del paisaje es diferente. Se puede trabajar en áreas que son complicadas para un tractor y al mismo tiempo se siente que la tierra no se aprieta sino que se deja vivir.

Cada vuelta tiene sentido, si te enriquece: había vuelto a mis lugares, al olor agrio y dulce de los viñedos, a los colores de una tierra única, y todas estas sensaciones me llegaban sin filtros. Decidí usar el caballo para trabajar las viñas.

Montado sobre un caballo la percepción del paisaje es diferente. Se puede trabajar en áreas que son complicadas para un tractor y al mismo tiempo se siente que la tierra no se aprieta sino que se deja vivir.

He aprendido a respetar la tierra, siguiendo sus ciclos de funcionamiento, sus límites naturales. Con las máquinas se puede forzar el tiempo y la productividad, estableciendo programas y objetivos rígidos, con el caballo no.

Es un ser viviente, también él con sus límites, con su carácter, los días en que lo sientes enérgico y otros días malos. Hay que saber escucharlo, comprender su comportamiento, hay que educarlo cada día, porque las relaciones con los seres vivientes son un recorrido con reglas y acontecimientos inesperados.

El caballo tiene recursos, tengo que ser flexible, respetarlo. Y él tiene que respetarme.

Trabajemos juntos. Los roles jerárquicos no tienen que sobreponerse. Esto también es armonía, porque el buen vino nace del respeto a la tierra, a los viñedos, a los seres vivientes que trabajan.

A mitad de camino entre el Mediterráneo y el Atlántico, observo y respiro las estaciones montado en un caballo.

El cielo cambia, la luz cambia, yo y Corleone seguimos esta danza única que termina en las copas de todo el mundo.

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