Anna Maschio

Distilleria
Bonaventura Maschio

La pasión se transmite de generación a generación y cada uno la vive a su manera.

La historia de la destilación en Italia también es la historia de mi familia de finales del 1800 hasta hoy.

Inicia con mi tatarabuelo, un gran viajante que destilaba sus aguardientes en una especie de alambique itinerante. Él se movía entre campesinos y obreros, entre campos y ferrovías: en cualquier sitio donde se ofreciera calor y energías para soportar la dura fatiga diaria. Años de trabajos también en el extranjero, más tarde el carrito volvió a Italia lleno de experiencias, para pararse a dos pasos del pedregal del Piave. La empresa de familia nació allí, convirtiéndose en un mundo empresarial gracias a mi abuelo: un patriarca preparado para construir algo sólido para todos sus descendientes. El verdadero cambio de dirección llegó en los años 80, gracias a las intuiciones revolucionarias de mi padre, Italo. Todo empezó con una ley promulgada en el 1984, que por primera vez autorizaba la destilación de la uva. Hasta entonces, el destilado más típico en Italia era el aguardiente, realizado con orujo. En cambio los frutos, reservados tradicionalmente a la producción del vino, eran un mundo sin explorar para los destiladores: una gran posibilidad, pero también un riesgo. También porque ni siquiera existía un método codificado para esta destilación, había que crearlo. Muchos eligieron la prudencia para evitar inversiones inútiles. Mi padre no. Él estaba hecho a su manera y de esa manera se zambulló en la experimentación, cogiendo el camino más temerario. En vez de apostar por tecnologías futuristas e instrumentos de última generación, compró una vieja instalación para la producción de tomate concentrado. Parecía una locura, pero él estaba decidido a destilar uva en esos antiguos contenedores de cobre de los años 30. Tenía razón: los usamos incluso hoy para nuestros aguardientes de uva más valiosos.

Hoy, apoyando el espíritu audaz de nuestro padre estamos mi hermano y yo. Con nosotros son ya cinco generaciones de destiladores: cada uno capaz de dar un aporte personal para alimentar una tradición cuyas raíces se entrelazan con las nuestras. Estamos todos unidos por una historia común que nos ha enseñado muchas cosas: que cualquier éxito debe ser el punto de partida para nuevas hazañas, que no basta inventar retos si no se está dispuesto a afrontarlos con el máximo esfuerzo. Pero la lección más grande, la que teníamos en la cabeza para alimentar un entusiasmo que se transmite de padre a hijo, es que en nuestro trabajo están todos: estamos nosotros, quien nos ha precedido y quien vendrá después.

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Anna Maschio - Lady D

Anna Maschio

Anna Maschio / Distillerie Bonaventura Maschio
La pasión se transmite de generación a generación y cada uno la vive a su manera.

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